viernes, 1 de mayo de 2015

Crítica de La Hermosa Historia De un Hombre Horrendo de Micky Bane, por Daniela Thann


La Hermosa Historia de un Hombre Horrendo” es, junto a “Mañana es Halloween”, una de las primeras novelas indies que decidí que podría valer mi tiempo.

Esta vez no la escogí por su portada, que por cierto, es más fea que el pie de un viejo. En serio, la odio, me recuerda al cartel promocional de “Human Centipede” pero en cutre y con menos brazos.


Lo que sí me llamó la atención fue el título, que me encanta, porque viene a decir “soy tan cabrón que es hasta poético”.

LHHDHH es la historia de un tío que va matando peña subido a una moto súper tocha, y que tiene unos superpoderes que ni Superman hasta el culo de clembuterol.

Para empezar, tiene la súper habilidad de cagar balas; puede matar él solo a 6 policías armados todos a la vez (no como en las pelis cutres que van de uno en uno) a hostias, con una barra de metal después de haber sido tiroteado y herido; es capaz de agarrar a un niñato de 14 años en medio de una multitud, yendo en moto a toda hostia, con un solo brazo y conduciendo con el otro sin que le tiemble el pulso; si cae por un acantilado y se espachurra contra el suelo sigue vivo; y lo mejor: tanto si le pegas un tiro como si le metes una patada en los huevos no siente ningún tipo de dolor.

- ¿La vas a poner a parir verdad?
-¿Ya estás dando por saco, Hermann?
-Es que ya estoy viendo como te brota la maldad por los dedos.
-Pero qué ganas me están dando de volver a tomar la medicación...

A ver, gente, a este ni puto caso, lo voy a decir ya: no es un completo desastre pero es muy, muy, muy pero que muy mejorable. Vayamos por trocitos.

Micky Bane, el autor, usa un lenguaje sencillo y directo y en general bastante limpio, pero tiene una particularidad y es que LHHDHH está plagada de jerga propia de Lima, Perú, que es donde está ambientada la historia. Pero no os asustéis aún, se puede entender y no es excesivamente molesta.

La jerga y el hablar propio de una zona, para mí, deben estar plasmados en un texto. Eso sí, no de cualquier manera, si se hace mal se puede llegar a pifiarlo bien pifiado. Pero en esta novela, el uso de ésta está completamente justificada y si me dais un momento entenderéis porqué.

Aquí es importante empezar a hablar de la estructura de la historia. La novela tiene diversos narradores, y se compone exclusivamente de escritos realizados por estos: Cartas, diarios personales, informes policiales, etc. Siendo así, es lógico que el estilo de cada una de estos pedazos de texto se adecue a la edad, nivel cultural y personalidad del narrador. De hecho, Micky llega a usar el texto como soporte visual. Con todo esto consigue librarse de dos de los peores fallos del escritor novel: que todos los personajes tengan la misma voz y que los diálogos sean estúpidos y poco verosímiles.

El novio y la amiga de la choni que no era choni
Para mí, solo hay un capítulo donde la jerga se vuelve molesta, y es el capítulo V relatado por lo que yo creía que era el equivalente peruano de una choni, pero qué va, resulta que al final es una niña pija (lo que se van a reír algunos con esta expresión) a la que el novio le ha puesto los cuernos. Y claro, entre que me cuesta entenderla, que la tía parece retrasada mental y que otro personaje te cuenta exactamente lo mismo desde su perspectiva, pues como que el capítulo me sobra completamente y sólo deseo que venga el pavo de la moto y le seccione la cabeza con un machete aprovechando que pasaba por allí.

En este punto, y aunque sé que el problema de ese trozo no era tanto la jerga como el resto de cosas, decidí quejarme, porque a una le es muy pesado eso de tener que ir preguntando a los colegas “¿y esto qué coño significa?” y arriesgarte a que alguno de esos cabrones te mienta y acabes haciendo el ridículo el día que quieras hacer la gracieta de soltar esa palabra delante de uno de sus paisanos... No soy desconfiada, es que aquí eso de trolear a los guiris está muy extendido.



Ese capítulo que menciona Micky, curiosamente no fue tan molesto, y es bastante irónico porque está lleno de palabras inventadas, faltas ortográficas típicas de alguien que escribe igual que habla y con una repetición de letras mayúsculas en negrita cada vez que el personaje atina a poner una tilde. Este es el famoso apoyo visual del que hablaba.

Absolutamente nada de eso es casual, nada más empezar el texto ya podemos deducir muchísimas cosas de quien nos habla sólo por esos “errores”. Sabemos el nivel cultural de quien escribe y sabemos que no está escribiendo ni a mano, ni con ordenador, y no ha hecho falta que nadie nos cuente una perorata sobre los humildes orígenes del personaje, ni su situación. La intuimos y por si nos queda alguna duda, el final del texto nos lo aclara sin ser algo forzado. Esto, sumado a la información que se nos da, que ayuda a darle un poco más de claridad a la historia y algo de ambientación (ya hablaremos de ese punto porque en general, es donde falla la novela), convierte este capítulo en mi favorito.

Sin embargo esta forma de relatar la historia (a base de cartas y diarios personales) tiene un inconveniente, y es que exige que lo que cuentan éstas y el orden en el que se presentan estén muy, muy bien planeados.

LHHDHH es caótico, confuso y mal rematado, y a mí este tema es probablemente el que más me mosquea, y me encabronó aún más cuando me enteré del motivo de que eso fuera así. LHHDHH es una recopilación de relatos cortos sobre el mismo asesino, no pretendía ser un libro. Nuestro autor se limitó a juntarlos todos en el mismo sitio, y desde mi punto de vista se esforzó en cohesionarlo todo tanto como yo en evitar que Ronchas cague fuera del arenero (en serio, es una batalla perdida).

Esto es jodidamente imperdonable, y una falta de respeto al lector. El resultado es que cada parte, por separado es bastante decente, pero juntas forman una enorme mierda con virutas de cacahuete marca premium. No me jodas, Micky, ¿sabes cuantos agujeros hay en la trama? Deberías haber dejado esos relatos donde estaban, o si ibas a convertirlos en una novela corta, como mínimo podrías haberla trabajado muchísimo más.

Pero la falta de cohesión tiene aún más víctimas. Veréis, mientras leía, mi cabeza empezó a hacer cosas raras (más que habitualmente). Empecé a convertir a todos los personajes en Roger de American Dad.

Para quien no haya visto la serie, Roger es un extraterrestre caprichoso, egocéntrico y sociópata con un gran gusto por los disfraces (como Mortadelo). Usa estos para tomar diferentes roles que homenajean a las series televisivas de los 80/90 o a los clichés más recurrentes de mis queridos telefilms, y que le ayudan a pasar desapercibido ante la gente que no sabe lo que realmente es.

¿Por qué estaba pasando esto? Pues tal vez porque la víctima a la que me refería antes, era ni más ni menos que la ambientación. El autor centra tanto la narración en el asesino, o en los pensamientos de los narradores, que apenas percibes lo que les rodea, no te implicas, incluso los crímenes que perpetra el protagonista se ven de una manera aséptica. Me sentía tan fuera de la historia que me era imposible tomármela en serio.

Pero tal vez Roger estaba ahí por otro motivo, y es que, de nuevo, encontramos una serie de clichés que harían las delicias de este personaje. En honor a él y visto que me va a ser de ayuda en el futuro, he creado lo que he bautizado como “LA ESCALA ROGER DE CLICHÉS”.

Empecemos con los SPOILERS (avisados quedáis):

El asesino, es la segunda personalidad de uno de los personajes, Micky Bane (sí, tremendo), un escritor (¡qué sorpresa!) que creó a un personaje llamado Román, un asesino en serie, para sus historias. A lo largo de la novela descubrimos que Micky ha acabado absorbido por sus propio personaje hasta convertirse en un verdadero monstruo. Pero vamos, eso te lo hueles desde casi el principio.


En este capítulo, Roger, acaba creando una segunda personalidad que se convierte en alguien con su propia vida, totalmente independiente de la suya. Sólo se dan cuenta de la existencia del otro cuando Roger descubre una serie de gastos en su tarjeta que no recuerda haber hecho. Ambos intentan matarse entre ellos.

Todos recordamos alguna historia parecida, es más, este cliché tiene hasta nombre: “¡El asesino era yo!”. Y, por poner un par de ejemplos más conocidos, podemos verlo también en Doctor Jekyll y Mr. Hyde de R. L. Stevenson o el Club de la Lucha. Si queréis más ejemplos podéis encontrarlos fácilmente en este artículo de la Universidad Complutense de Madrid llamado “¡El asesino era yo! o el trastorno de identidad disociativo en el cine”. Este trastorno ya ha sido ampliamente explotado en la ficción, y sacarle jugo es cada vez más complicado.

Y es que, en general, Román es simplemente una mezcla de un montón de asesinos famosos de la ficción. Tan cruel como Hannibal, tan obsesionado con su madre como Norman Bates y que se cree juez, jurado y verdugo de Dios. En ocasiones, cuando mata inocentes, llega a recordar vagamente a los asesinos tipo Ángel de la muerte. El resultado es que no sabemos cual es la motivación real de Román ¿Qué es lo que quiere? ¿Por qué mata? No me trago la motivación religiosa, Román no muestra esa faceta en nada que no sean los asesinatos. Me hubiera creído muchísimo más que, puesto que él no siente dolor, sintiera cierta curiosidad por verlo expresado en otras personas. Mucho más sencillo, y te ahorras explicaciones que nadie se cree y que están más vistas que el ano de perro que se parece a Jesucristo.


La supuesta complejidad de Román se basa en un batiburrillo de diferentes perfiles de asesino, poco trabajado y que cojea por todas partes. Si además de sacrificar la ambientación para centrarte en un personaje, éste está pobremente desarrollado, apaga y vámonos, porque la única manera de resolver eso satisfactoriamente, es que a lo largo de la historia, el lector pudiera apreciar que esas constantes justificaciones de su conducta son mentiras que se cuenta a sí mismo ¿Y por qué iba a intentar autoconvencerse un asesino que disfruta ensañándose y no siente remordimientos, de que lo hace por alguna motivación noble, bajo su punto de vista?

Por todo ello le doy un Roger-Olivia Newton John en la ESCALA ROGER DE CLICHÉS.


-¿Y eso del 1 al 10 a qué equivale?
-A absolutamente nada, simplemente me apetecía poner a Roger-Olivia Newton John.
-…

En conclusión: La Hermosa Historia de un Hombre Horrendo es un experimento que salió mal, hecho de retazos de algo que no pretendía formar parte de nada y con un uso del lenguaje bastante bueno, aunque más bien dirigido a personas con ciertos conocimientos sobre la jerga típica de Lima. No es aburrido, no es horrible y se puede leer de una sentada, pero está mal resuelto y te deja un regusto a decepción importante.

Att. Daniela Thann … ¡¡¡Xanaaaaaduuuuuuuuuuuu!!!


6 comentarios:

  1. Muchísimas gracias por tu crítica, Daniela Thann.

    Sabemos que no es lo que yo consideraría "mi gran obra", razón por la que me place leer tu opinión sobre un trabajo en el que, es cierto, pude hacer más.

    No había considerado aquellos de los clichés. Será que me falta ver más películas :P

    Un abrazo.

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  2. Preparate Micky, dentro de unos meses me pondré con Blaine. MUAJAJAJAJJAJAJAJAJA... UN abrazo, colega.

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  3. Ojalá Blaine te sorprenda más de lo que pueda decepcionarte ;)

    Un beso.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Con el principio de la crítica no entiendo como en lugar de hacer la relación mental con Roger, no la has hecho con Lobo.

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    1. Fácil, Lobo es un personaje que no conozco tanto como Roger. Ese es el primer motivo. El segundo, es que Roger no es un solo personaje, es un montón de personajes: él mismo más todos los estereotipos imaginables de la ficción, sobre todo la mala. Yo veia a Roger haciendo el papel de cada uno de los diferentes narradores del libro, me hizo gracia y quise comentarlo en la crítica. Un saludo.

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