jueves, 23 de abril de 2015

Crítica de Mi último recuerdo de Winston Vasquez Rosario, por Destripadora Romántica



En mi estreno como crítica en La pluma insolente, me decanto por un relato de 19 páginas (que podían ser perfectamente 10 si contamos la cantidad de fragmentos en blanco que encontramos) llamado “Mi último recuerdo” de Winston Vasquez Rosario.

Sinopsis: Inexistente. Empezamos bien…

¿Cómo sabes si leerlo o no si no tienes ni idea sobre lo que trata? Aunque por el título, da la impresión de que el protagonista recuerda lo último que vivió antes de morir.

Para resumir el relato, puedo deciros varias cosas:

1 - Lo que más abundan son las faltas ortográficas, comenzando por qué el nombre del autor (nombre propio) está escrito en minúscula en la portada, algo que se repetirá en toda la obra.
2 – Es aburrida.
3 – Es pesada.
4 – Es incoherente.
5 – Usa comillas en los nombres propios.
6 – Y si la ortografía es horrible, la puntuación es patética. No sé si a este señor le enseñaron alguna vez cuando usar una coma, un punto y seguido, punto y aparte, punto y final. Pero, sobre todo, lo que significa “párrafo”.

Dicho esto, empecemos a destripar.

1 - ¿Quién fue el idiota que inventó la ortografía?

Dios (lo subrayo con mayúsculas, porque es como se escribe, aunque el autor se lo pasó por el forro), me sangraban los ojos de leer semejantes burradas. Si ni siquiera sabemos distinguir la diferencia entre "haber" y "a ver", ¿para qué complicarnos? Unimos las dos y que quede "aver" como verbo, o simplemente usamos "a ver" como verbo, algo más sencillo.

A verle invitado a un café” / “Me avía dado

Si no distinguimos eso, ¿cómo vamos a hacerlo entre "hay", "ay" y "ahí"? Todo suena igual, para qué complicarse la vida. En fin…

¿Y para qué usar la concordancia género – número entre sujeto y verbo? ¡Qué barbaridades nos obliga a hacer el español!

Y para cagada, la siguiente: “Ese mismo día sonó el teléfono, en mi mente pensaba que era ella, pero en el teléfono no erra, erra mari que quería veme”. ¿Erra? ¿Un teléfono erra? Lo que hace no revisar bien, ¿eh?

Pero si hay algo con lo que realmente me han dolido los ojos, es con ver que los nombres propios y después de un punto, las mayúsculas no existen. Usarlas es complicarse la vida y una pérdida de tiempo, obviamente.

2 – Desarrollo y cagadas de la trama.

Ya lea el relato veinte veces, sigo sin entender nada.
La historia comienza con Will, el protagonista y psicólogo quien se levanta “todos los días a las 6,30 de la mañana, a correr como una persona normal”, porque quien no haga eso claramente es subnormal, o anormal, como queráis llamarlo. En una de sus sesiones conoce a Mary, una chica acomplejada por su sobrepeso y motivo de burlas entre los demás. En su primera sesión ya él con decirle que repita con él “yo puedo”, le cambia la vida a Mari drásticamente. Pero él se sentía vacío, aunque no se quejaba; porque aunque lo repita durante todo el relato, se conforma con lo que Dios y la vida le da y sabe que le tienen algo bueno preparado.

De repente, y sin razón alguna, cambia su rutina matutina; lo que ha que se tropiece con una belleza a la cual le pregunta su nombre, Vanessa, y se arrepiente de no haberle pedido el teléfono, pero el destino sabe lo que hace.

Me recuerda a los cuentos de Disney, cuando el príncipe encuentra a la princesa y con una sola mirada se enamoran. Mira que es fácil, no sé por qué la gente sufre por amor…

En un giro inesperado, la vuelve a encontrar, pero ¡ay, el destino!, hace que por culpa de su exnovia que se mete en la conversación, Vanesa vuelva a desaparecer. No te preocupes Will, “tú puedes”. “El destino sabe lo que hace”.

Los siguientes días los pasa tratando de comunicarse con Vanesa (me pregunto cómo tiene su número de teléfono si en ningún momento se hace alusión a que ella se lo diera), pero no lo consigue, así que continúa con una rutina de la que quería escapar, pero aunque lo diga él jamás se queja, ¿eh?

Y ahora lo mejor de la historia, nos encontramos con Erick. ¿Quién es? Pues nadie, simplemente un paciente que ha mencionado de relleno. ¿Para qué? Pues no tengo ni puñetera idea, pero el destino sabrá. Erick “es tímido y reservado, esas personas tienen tendencia al suicidio”. ¡Así que cuidado! Todos los que tengáis esas cualidades ir a un psicólogo a que os ayude a no suicidaros. La cuestión es que evita que Erick cometa una locura. Como no, con el famoso “yo puedo”, algo que no puede faltar.

Ahora la locura la comete Will cuando de repente decide comprarse una casa en el lago. De camino allí, pasa a visitar a su madre mientras, sin venir a cuento, te transporta a la historia de su infancia “llame a mi madre y decidí pasar a visitarle, tenía como 6 mese que no la veía, mi madre era mi orgullo, porque era lo único que tenía, mi padre murió, en la guerra cuando tenía 7 años, bueno volviendo a mi historia, llegue a casa de mi madre…

Una vez en el pueblo, ¡cómo no!, el destino vuelve a hacer que vea a Vanesa y no consigue alcanzarla. ¡No importa Will, es el destino! El mismo que hace que la encuentre finalmente a la vuelta a la ciudad, le pida la oportunidad de conocerla y ¡sí!, ella se lanza a besarlo, sin más explicaciones. Él se disculpa por haber perdido su número telefónico (algo que aún no encontré en qué momento se lo dio) y por fin se siente completo en la vida.

Al principio del libro nos deja claro que es una historia ficticia; sin embargo, despide la historia con “esa fue un pedacito de la historia espero que le guste”. Vuelvo a quedarme con cara de idiota, ¿es ficticia o no?.



3 – Crítica

Desde luego, si tengo que volver a leerme este relato, me tiro de un puente.

No hay nada que soporte menos que un “escritor” que se pase por las narices la ortografía, los signos de puntuación, etc. Sobre todo, no hay nada que odie más que leer algo que no tiene ningún tipo de orden o coherencia.

A este señor está claro que le gusta mucho Disney, esas historias fantásticas de amor a primera vista. La mira y ya sabe que es el amor de su vida. Por favor, ¿podemos dejar de decir tonterías? ¿O yo soy idiota buscando el amor con algo más que una mirada? En fin….

Fijo que este chico no vio Frozen hasta el final

Lo único que hay de coherente en todo el relato es que nos aclara que es una historia ficticia, porque esto no hay quien se lo crea.

Si vamos a escribir, por favor, un poquito de orden. Parece que estoy leyendo algo escrito por un niño de cinco años. Perdón a los niños, sé que hay niños de esa edad que lo harían mejor…

Pero si hay algo que aborrezco, es que cualquiera se permita el lujo de “publicar” ya sea en páginas webs o en físico, obras sin ser revisadas, que no tienen ni pies ni cabeza al leerlas y que encima se rían de mí.

Porque según dice al principio “Hoy vengo a contarle una historia de cómo se aprende a vivir la vida que dios no da”. Si vivir esa vida es dejar que el “destino” decida todo y yo me quede mirando sin actuar ni poner nada de mi parte por cambiar las cosas, entonces “apaga y vámonos”.

Que no me leo esto más en la vida. Ahora entiendo que el relato no tenga sinopsis, ¿Cuál iba a ser? ¿Will ve por primera vez a su amada y el destino se encarga de separarlos hasta que decida juntarlos?

A mí el personaje me parece patético, sin personalidad, escudándose en sus miedos y dejándoselo todo al destino. Destino, palabra que aborrezco a partir de hoy, y ya ni te digo “yo puedo”.

Pero le voy a dar las gracias al autor, porque una todos los días no se encuentra con algo tan patético. Coherencia y que el texto tenga un orden lógico, ¿es mucho pedir? Al parecer sí, pero no os preocupéis, es cosa del destino, vosotros podéis.

Destripadora Romántica

2 comentarios:

  1. ¡Buen estreno! Una crítica muy completa, ácida y a la vez amena :)))

    Clara la Discorde

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Destripadora romántica25 de abril de 2015, 2:37

      Si te ha gustado es porque el destino así lo ha querido; y porque "yo puedo" claro jajaja ;)

      Eliminar

¿Vas a dejar esto sin réplica?