viernes, 6 de marzo de 2015

Crítica de ALICIA (Alicia y otros relatos de mierda) de Rafael Lindem, por Daniela Thann

Nota de la pluma insolente: Debido a exigencias editoriales el relato de Alicia ha sido retirado de su ubicación original. El autor partió de él para escribir una novela que próximamente verá la luz.

Como aquí, en los confines de Internet, el tiempo pasa tan despacio, en ocasiones me puedo permitir el lujo de gastarlo haciendo cosas tan productivas como observar a mi gato Ronchas con la cámara del móvil preparada, esperando a que haga algo digno de ser subido a Youtube, se haga famoso y algún friki se empeñe en quitármelo de encima.

Aún sigo esperando que Ronchas haga algo más interesante que lamerse las pelotas todo el día. Sin embargo, hoy al menos el desgraciado ha hecho algo diferente para variar. Llevaba diez minutos intentando echar una bola de pelo, cuando de repente, de su cuerpecito roñoso, ha conseguido expulsar esto:

ALICIA (Alicia y otros relatos de mierda) de Rafael Lindem



Ronchas se mete todo tipo de mierda en la boca, pero jamás hubiera pensado que se atrevería a hincarle las fauces a algunas de las porquerías que guardo en mi cajón de “pendientes de crítica”.

Porque sí, energúmenos míos, lo que mi engendro felino nos ha regalado entre pelos, baba y algo inidentificable es “Alicia”, un cuento de Rafael Lindem:

La historia de una chica que es violada salvajemente. Y no, no es ningún spoiler, de hecho todo lo que pasa justo antes de eso importa un truño.

A medida que avanza la narración, nos encontramos con una situación algo surrealista: Los familiares, el novio y todo su entorno en definitiva, acusan a una Alicia llena de heridas y moratones de ser una puta que ha provocado la violación y la ruina del violador al denunciarle.

Los diálogos toman un cariz tan absurdo que a mitad de la narración estaba revolcándome de la risa delante del monitor. Y para que me entendáis cito parte del texto:

Frase de la madre:

-Ya, claro, como te obligó también a que te dejases pegar y penetrar. Y tú , como siempre, sacudes tus manos y te desentiendes de toda responsabilidad. ¿Sabes lo que le has hecho a ese hombre? Es una persona seria, muy ocupada. ¿Te parece justo? ¿Te parece justo ir complicándole la vida a los demás?

Mi momento favorito, cuando descubres que el padre se ha ido de copas con el violador:

-Mamá, él me agarró cuando regresaba a casa.
-No nos mientas, hija. Tu padre se llevó de copas al señor y hablaron largo y tendido sobre lo sucedido. No intentes engañarnos.

-¿Descolocados?
-Bueno es una reacción absurda por parte de los familiares y...
-¡Largo, Hermann! ¡Ve a vaciar el mueble bar como haces siempre!
-Sabes que soy imaginario, en realidad la que vacías el mueble bar eres tú sola.
-¡Largo, he dicho!

Bueno, como os decía, el texto al principio puede chocar un poco, pero a medida que avanza vemos que lo que tenemos delante es una crítica social y no alguien que no se haya dado cuenta de que esta escribiendo dialogos absurdos y poco creibles, cosa que cualquiera se esperaria viendo lo malisimo que es el principio del relato.

El autor no pretende ser verosímil, pretende ser exagerado. El texto no es ni más ni menos que una realidad social caricaturizada: El victim blaming (culpabilizar a la víctima) muy común en los casos de violación.

Durante la narración vemos como Alicia se enfrenta a los prejuicios derivados de la moral cristiana de su madre, la credibilidad que le otorgan al violador debido a su apariencia respetable, a que la llamen puta y guarra, a que la acusen de ir provocando y de no respetar a su novio (Jacobo), de no tener los pies en el suelo, de ser frívola, de buscar llamar la atención (de nuevo por puta), a recriminaciones por no ser solvente económicamente, a celos, a que la llamen mentirosa y a la victimización del violador por parte de sus propios seres queridos. En definitiva, a una presión devastadora por parte de todo su entorno.

Así que para variar me toca defender un poco este texto:

¿Es una maravilla? No, en absoluto. Pero sí hemos de reconocerle unas cuantas cosas, entre ellas la intención del texto, los dialogos y la forma de transmitir la idea. Y solo por eso ya le doy un aprobado a este relato.

Llamadme blanda, pero he leído tantísima mierda, que encontrar algo como “un mensaje” en uno de los textos que me toca criticar me hace llorar y darle las gracias a mi secta de confianza por no haberme sacrificado todavía a Cthulhu.

Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn (flametreepublishing.com)

También tengo que reconocerle que por lo menos los personajes consiguen transmitir algo, aunque sea rabia, sorpresa o risa, si eres una cabrona.

Pero no todo lo que concierne al relato tiene defensa posible, vayamos, pues, con lo no tan bueno:

La primera parte del texto es completamente infumable e innecesaria, no nos aporta demasiada información. Como mucho nos dice que Alicia es un poco bohemia, soñadora y que le gustan los libros, pero no hace ninguna falta porque nos lo recuerdan durante todo el texto, en serio: TODO EL PUTO TEXTO.

Tampoco nos muestra demasiado acerca de como es su relación con el resto de los personajes del relato antes del suceso detonante.

Se limita a decirnos que tiene un novio y unos padres, y que lleva una vida normal. Hubiera estado bien alguna actitud por parte de ellos que anticipara lo cafres que son, pero se limita a mostrarlos como algo difuso que esta ahí, y ale, a cascarla, que lo que importa aquí es mostrar como vejan a la chavala a saco y no con mierdecillas sutiles y micromachismos.

Bueno espera que sí, el novio le echa la bronca por ser una manirrota comprando libros. ¡Pues no, chaval! Eso no anticipa nada, porque como te has detenido tanto en contarnos que Alicia va por ahí haciendo el hippie sintiendo el sol en la cara y la caricia del viento no te has molestado nada en decirnos algún dato más sobre la situación económica real de la pareja, que no aclaras hasta después de desvelar el pastel.

Podría ser que la chica tuviera un gusto enfermizo por las primeras ediciones, por el coleccionismo o por las encuadernaciones en piel. Y si su situación fuera un poco preocupante, pues sí, con razón la llamarían manirrota. ¡Piratea como todo el mundo, joder!

Además, la transición entre ese trozo del relato y la violación no existe. No es que sea abrupta, es que no está. En serio, de repente, en la misma frase te meten una patada en todo el cerebro.

Hubiera entendido esto como una estrategia más para impactar al lector si no fuera porque la manera de decirnos “ha sido violada” no es una violenta escena que nos haga vivir, en cierta manera, la sorpresa de la víctima al ser atacada de repente, si no que simplemente nos explica las lesiones provocadas, con la intención de que quede claro que ha sido una violación, para luego contarnos, ahora sí, como lo han hecho.

La mayoría del texto consiste en una serie de diálogos, y no tengo especial queja de ellos. Para mí, el problema radica en el resto del texto, porque el autor se pasa por los cojones los puntos y aparte y se hincha a dar descripciones completamente inútiles y largas. Joder, no me importa como se viste Alicia para ir a mirar escaparates.

En resumen, una caricatura grotesca, con tintes de humor negro que refleja una realidad triste y algunas veces olvidada, pero manchada de descripciones aburridas que contrastan con el tono general del texto, el equivalente a ponerle un lacito a un zurullo, vamos.

De todo esto, me quedo con una reflexión final:

¿Estamos seguros de que es una caricatura tan exagerada?

-...¡Trae aquí ese bourbon, Hermann!

Daniela Thann

5 comentarios:

  1. Ciertamente, tal y como adelanta el título, es una mierda de relato que sólo me trae malos recuerdos. Gracias por tu tiempo, Daniela.

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    1. Gracias a ti por pasarte y comentar, Rafael. Pienso seguir leyendote de vez en cuando. Un saludo.

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  2. Ciertamente delicado el tema que nos traen a la pantalla Daniela Thann y el misterioso señor Lindem. No debe de resultar fácil abordar el asunto de los abusos sexuales fuera del marco de la obsesiva corrección política que infecta nuestro mundo.

    Quiero entender este cuento, igual que Daniela, como una crítica social al infierno al que son sometidas algunas personas que, más allá del propio hecho abominable de la violación, han de sufrir la incomprensión y, peor, la culpabilización, por parte de los suyos y de los que no son suyos. Supongo que esa era la intención de Lindem, pero no lo sé.

    Coincido con Daniela en los comentarios sobre la primera parte del relato y añado que le sobran casi todas las comas. Por lo demás no está mal escrito.

    En cuanto al fondo y al tono de la historia, tiene una carga importante de surrealismo, supongo que pretendida conscientemente por el autor, que tal vez la haga más llamativa pero consigue que sea menos impactante en la conciencia del lector, que se queda con lo cabrones que son los padres y el novio y tiene poca oportunidad de empatizar con lo que más debería contar: el sufrimiento superlativo de Alicia.

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    1. Hola Eduardo, discrepo en la última parte de tu comentario. Considero que precisamente el objetivo del texto era centrarse en el victim blaming, por ello creo que justamente la parte que debe tener más peso es la de mostrar la actitud de los familiares y amigos. Es algo muy aceptado socialmente, y como suele producirse de manera más sutil (aunque no siempre, solo tienes mirar los comentarios de algunas personas en internet sobre el caso de Christy Mack), algunos de los que lo cometen no se dan cuenta de lo crueles, hijos de puta e hirientes que son. Remarcar simplemente el sufrimiento es un recurso facil, que inspira una compasión mal entendida, un incomodo espejo en el que mirarse es muchisimo más efectivo y útil. Un saludo.

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