lunes, 16 de febrero de 2015

Crítica de Los servidores de la muerte de Ignacio J. Asensio, por Gran WYRM Sylvanllitham



Estimados (o no) seres:
Hoy os traigo esta crítica de la lectura que más bostezos me ha llevado a hacer: “Los Servidores de la Muerte” de Ignacio J. Asensio. Si te gusta la soberana caca, este, sin duda, es tu libro ideal; si no, te aconsejo que no lo leas, a menos que te guste perder el tiempo o tengas insomnio.

La sinopsis viene a ser la siguiente: los protagonistas tienen una misión principal, encontrar un dedo mágico, pero en el camino no paran de encontrarse obstáculos. Obstáculos que son: ayudar a otros seres o acabar con criaturas que son de sus competencias pero que, aparentemente, les frenan en su tarea inicial.

Empecemos:

Como podéis imaginar me ha parecido una pérdida de tiempo. Como lectura no aporta nada ni nuevo ni viejo. Como algo… aporta sueño, suspiros, pérdida de paciencia al hacerse tan larga que te hace estar más pendiente del “cuánto falta para terminar”, que del “qué está pasando”. En mi opinión, básicamente, le sobran hojas. Muchas.

¿Y qué tiene de malo? Todo.

No sabe trasmitir, se va por banalidades y no regresa hasta haber cubierto párrafos y párrafos y más párrafos de palabras huecas. Las estructuras son insulsas y a partir del capítulo seis las faltas ortográficas aparecen, y la coherencia en las líneas empiezan a desaparecer con demasiada frecuencia. Sólo me han parecido algo entretenidas unas veinticinco páginas.

Dentro de esta obra hay unas frases a destacar por encima de todas (y tiene unas cuantas muy buenas). Yo creo que el autor quería reflejar en esas frases el verdadero sentido de su creación.

Por ejemplo en esta: “Como he dicho antes, me gustaba aprender y casi todo el mundo puede enseñar algo, aunque sea sólo lo que no hay que hacer

Pienso que quería dar una lección sobre cómo no se debe contar nada. Aunque todo depende de si lo que quería era entretener o matar de aburrimiento.

Y esta otra frase: “El documento era muy escueto. Ocupaba más nombre y títulos, con firmas y sello, que el mensaje en sí”. He llegado a la conclusión de que posiblemente sea un guiño a su escrito.

Hay algo que parece que nunca le enseñaron, o no aprendió él mismo, y es que, el inicio de las historias es lo que más suelen enganchar a los lectores. Pero claro, ¿cómo iba a enganchar desde el primer momento si ni siquiera en esas veinticinco páginas algo entretenidas enganchaba? Su estilo (o falta de él), hacen el pasar de las páginas un viaje lento… típico de un desierto sin nada de agua cerca. Aún me sigo debatiendo sobre qué es lo peor, si los diálogos sin sentido, las descripciones eternas o las narraciones insulsas.

Para que os hagáis una idea, el primer capítulo se hace tan lento que el primer borrador me ocupaba dos hojas de crítica, porque si la trama aburre, te fijas en lo cansino que es todo y te dan ganas de quejarte.

Las descripciones físicas de personajes son desastrosas, a menudo cómo no, sin sentido, y por supuesto redundantes. Están mal elaboradas, desordenadas a más no poder; como si el narrador fuera un crío que le está contando a sus padres lo que ha hecho durante una excursión, dando trompicones. Se atropella con el mal uso de los signos de puntuación, sobre todo cuando aparece algo bien descrito.

A mí lo que realmente me choca es que hay veces -demasiadas- en que conforme vas leyendo y te introduces en esa infinita madreselva (digo, descripciones), de pronto te comienza a dar igual si te enteras o no, sigues leyendo con la esperanza -más bien el pretexto de que termine- de encontrarte con algo que te llene, ¿llegará? ¡No! Me pregunto además si por usar ciertas palabras hay gente que se piensa: “¡Oh, ha usado términos cultos o poco usuales, tiene que saber lo que hace!”.

¿Para qué tanta palabrería en una jodida descripción en el inicio de la historia? ¿Y esto era épica? ¡La épica no es descripción, es acción! En ninguna épica se tiran líneas y líneas describiendo, ¿saben por qué? ¿Por qué la épica es ÉPICA? Porque hay acción y entretiene y mediante la narración, a veces, sutilmente cuenta algo del paisaje o del personaje principal, algo vitalmente importante, por lo cual sin ese detalle nimio posiblemente la trama no se hubiera dado…

Le aconsejo al autor que aprenda o revise mejor el nombre de sus personajes, que vaya baile de nombres entre Diannora y Dionnora, cuando es la misma. Y vaya también con poner ahora “iniciado” luego “Iniciado”. Esas cosas se perciben cuando nada hay en la historia.

A medida que iba leyendo me iba dando cuenta de unos aspectos, bueno como os habréis percatado, de varios, pero me refería a algo semi externo con la historia. Y es que, a pesar de que mi PDF me indicaba que se componía de 364 páginas -sí, señores tantas páginas llenas de emocionantes aventuras, de placer, de… palabras… estimulantes que… no… no cuela, ¿no? Ya decía yo…-cada vez que llegaba a una página que acababa con un punto y aparte, pensaba: “Y fin”.

Y bueno, algo gracioso sobre lo dicho hace poco, y es que cuando conseguí llegar a la página 190 me entraron ganas de bailar, pues no sabía cómo, por fin, después de una semana, había logrado llegar a la mitad de la cima, realmente a más de la mitad. Y como al iniciar esta tortura te encuentras hojas en blanco como una bendición, me pregunté “¿abajo nos regalará más páginas en blanco?” ¡Y así es!, queridos (o no) seres, aunque lo veáis tonto, el hecho de pensar que verdaderamente no eran 174 páginas las que me faltaban para terminar, sino 172 páginas. Cuando el número de página por el que vas es mayor al número de páginas por terminar… hueles tu libertad, te entran ganas de llorar al poder ver al final del túnel luz o una oscuridad cálida que no te devolverá el tiempo perdido, pero que al menos no te quitará más.

Por alguna extraña razón existe alguna especie de creencia de plano general, en la que cuanto mayor sea algo (hablamos de longitud) mayor, por sentado, es su calidad. Y apenas alguna vez esto ocurre así.
Un claro ejemplo (aunque estoy segura de que vosotros tendréis algo en mente) es lo que pasa estos días en la literatura. Estos días en los que se fomenta tanto la lectura, hay seres que tienen metido en sus cabezas que cualquier cosa es bienvenida y, ya os digo yo que no. Además, interpretan a su (mala) manera "leer mucho es bueno".

Sí, leer mucho está bien, pero no tiene porqué tratarse de una misma historia. Los relatos, los microcuentos, los cuentos, las novelas breves,... están hermosamente bien. No sé por qué se cree que todas las historias se pueden alargar y alargar y que quedará bien.

Y no, no he terminado de contaros las maravillas que hay. Ahora os iba a cautivar con estas frases y líneas llenas de sinsentido:

La cota de malla de la guerra ya no brillaba para un desfile”,

 “-No se preocupe, que la respuesta es en su idioma, no le vamos a pedir otro esfuerzo mnemotécnico de ese calibre -El mandamás daba muestras de ser bastante pedante” (Yo no percibo pedantería ninguna, no sé vosotros).

 Para estas os tengo que poner en situación, están interrogando a un hombre y llevan todo la conversación tuteándose entre ellos. Y de pronto dice uno de los sacerdotes: “¿Tú sí sabes dónde está?” Y le contesta: “¿Tú? ¿Utilizas conmigo tú?” ¿Acaso no es tuteo en tu mundo cuando el verbo se conjuga en segunda persona del singular, pese a no llevar la presencia del pronombre personal al lado?

Y esta parte es ya para aplaudirle en la cara: “-Disculpen mi pronunciación- dijo en idioma normal”, porque antes estaba hablando en el lenguaje que usan los necromantes, me acabo de enterar de que existen idiomas anormales.

Esta es la prueba de su grandísimo dote de descripción y esa grandilocuencia tan suya: “Las luces resaltaban que era completamente negro, sin distinción al globo ocular, ni retina, ni iris, solo oscuridad sin reflejar nada”.

Diría que esas tres palabras tienen mucho que ver con lo que sigue. ¿Os habéis fijado qué bien sabe lo que hay en un ojo? Lo que no entiendo es, si ya has dicho “globo ocular” que es el todo, ¿por qué anota partes de él? Palabras de relleno, señores, ¡¡unas más para hoy!!

Eso sí, aclara todo lo negro que es un personaje yéndose por la redundancia pero no aclara cosas como las medidas que se inventa, porque para qué hablar de kilómetros pudiendo hablar sobre “millas zarmetsas”. Todos aquí sabemos qué son las millas zarmetsas… De hecho, en parte seguía leyendo para ver si en algún momento encontraba una aclaración acerca sobre a cuánto equivale, y en parte porque me gusta hacer las cosas en condiciones, y para hacer una crítica en condiciones tengo que leerme toda la historia, aunque duela, me entre sueño o no quiera. El deber llama.

Y bueno, conforme iba leyendo en busca del concepto de millas zarmetsas, tuve una cuestión más a resolver que mi cabeza, visto lo cual tuvo la idea de buscar soluciones. Os pongo en situación: los personajes principales se encuentran a dos mozas que visten túnicas verdes y de pronto el sacerdote se fija en una de ellas y se da cuenta de que tiene unos tatuajes en el pecho… la cosa es el cómo las ve. A menos que tengamos conceptos diferentes de túnica, para mí es algo parecido a una toga, por lo que el pecho lo tapa. A menos que el sacerdote tenga una visión garrafal y vea a través de la tela sin ninguna dificultad yo no me lo explico. Porque otra solución que le veo, es que eso, tenga un concepto de túnica parecido al trikini… pero entonces recordar que el sacerdote también viste con una túnica… ya sí que me cambia la visión de todo. Otra solución que tengo es que las muchachas tuvieran túnicas verdes estilo el cuento de Andersen, el del emperador que sale a la calle desnudo con el pretexto de que sus sastres le han hecho un traje y sólo los inteligentes pueden verlo, y para no parecer imbéciles nadie dice que va desnudo salvo un niño…

Cada vez que la leo no puedo quitarme de la mente juegos y más juegos de rol, como si el autor se hubiera puesto a jugar y le hubiese venido la idea divina de jugar con un cuaderno cerca e ir anotando lo que ocurre, ¡o ¿para qué un cuaderno?, la grabadora está bien! Así puede vivir el momento, sentirse comentarista, ‘épico’ y considerar grandiosa esta ‘Dormidina’ oral y visual, pero por nada del mundo dispuesta en comprimidos. Y no sólo me recuerda a juegos de rol de pésima conexión, también cuando la guerrera usa su poder, me recuerda a la serie de anime “Dragon Ball”. Y aparte de parecer las paladinas Supersaiyajin a excepción del cambio de color en el cuero cabelludo, tienen una similitud con las valquirias de los mitos nórdicos, ya que al abusar de una toma de poder desmesurado van quedándose sin cabello, pues se les cae.
A su vez me recuerda al mito de Sansón, aquel héroe clásico que al perder su pelo, perdía su fuerza. Muy como se dice que pasa en la zoología cuando un león pierde su melena.

Y otro apunte que es similar, hay un personaje que va siempre con una cantimplora que dentro lleva un vino negro, y todo el mundo, por una cosa u otra, acaba bebiendo de ella. Mi cuestión no tiene nada que ver con la sanidad, -que podría- no, tiene que ver más con ¿cuál es el volumen de la cantimplora? ¿Se llena sola por providencia divina? ¿Es como las flechas de Legolas, en la trilogía de Tolkien “El Señor de los Anillos”? Y eso que se supone que es ilegal, y muy difícil de conseguir, y que te deja para el arrastre, pero nada, ahí sigue la cantimplora llena. Y perderme por esos pensamientos es más emocionante que seguir leyendo.

Además, ocurre un pequeño problema que te deja divagando si la historia no es muy buena… y es que se nombran muchos lugares, lugares con nombres largos, nombres parecidos entre sí, nombres… que sólo el autor sabe, porque seguramente cualquier lector al leer: “Tropas de las provincias de los Tres Ríos se habían desplazado hacia noroeste ocupando la orilla poniente del Mar de Las Lunas. En respuesta a ese movimiento, las mesnadas montadas en bestias del Duque del Gran Caudal, habían descendido el curso del río del mismo nombre, llegando hasta el Puerto en el Río para proteger el comercio”. Diría “Ajam, pues... muy bien”. Y porque verdaderamente, no sé por qué carajo se tira párrafos enteros con descripciones físicas de personajes y apenas explica algo sobre las diferentes organizaciones religiosas. Y digo “apenas explica algo” por no decir que no explica nada, salvo lo que de por sí el nombre a quién o quiénes son devotos los creyentes dejan entrever.

La elección de los nombres… cada vez que sale un nuevo personaje me hace entrar en un concurso mental de si será algo como: Mesa, Cama, Pico, Hierbajo…

El dialecto aragonés que le ha metido como una cuña… no sé qué intentaba con él… pero choca bastante, y por nada del mundo es bien, y no tengo nada encontra del dialecto. De ninguno.

Los diálogos son de besugos, con una lógica aplastante...una de ellas está malherida, e incluso expone que ésta habla con voz débil y ocurre lo siguiente:

-Hemos sido atacadas por un cadáver-cicatriz, Sacerdote.
-Mi rango es Iniciado, Matrona. Pero dígame, ¿qué ha pasado exactamente?”.

Bien por tu rango, de seguro que ya se siente mejor y recupera voz y salud por ello. ¿Es un intento de copia hacia las películas bélicas cuando dos soldados de diferente pelotón se encuentran y cada uno ha de decir su rango para ver quién queda por encima? Y seguimos con la lógica aplastante de rangos, porque aunque te estés muriendo, los tecnicismos son importantes:

-Veremos si podemos rescatar a Atardecer, pero hay otra cuestión, Nodriza.
-Sí, lo sé, pero mi rango es Madre- matizó con una sonrisa algo enfermiza”.

 No hace falta que lo jures, si pones tanto ahínco en que te reconozcan por un título, tus sonrisas no deben de ser muy “normales”.

Hay momentos que sobrepasan la lógica aplastante para ser lo que he denominado como “momentos ¿y?” o “momentos ah, pues bien”. Simplemente porque no aportan nada y por lo tanto, como podréis suponer, es relleno. A este hombre le fascina el relleno:

Usó el poder de su escudo para que diera luz, como una débil antorcha. Si se dio cuenta de la sonrisa de Bruma, la ignoró”.

De verdad, gracias por ese último detalle. No podía seguir con mi vida sin saber si Bruma sonreía, seguía llorando o se estaba sacando un moquillo.

No era una tranquila forma de morir, pero los marineros de los navíos destrozados y saqueados sufrían la misma suerte”.

Y hay varias faltas de ortografía, pero hay una que me ha marcado bastante porque es garrafal y está influenciada por el lenguaje oral: “Iros todos a la…!”, señor, ya estaba cogiéndole compasión porque al menos parece que sabe que es “sobre todo”, pero el “iros” en vez de “idos” me ha dado fuerte. Porque estoy segura de que no lo has puesto con carácter coloquial, sino porque verdaderamente piensas que está bien como “iros”

¿Y no hay nada que te haya gustado aparte de esas veinticinco páginas? Pues mira, sí, dos cosas: los cadáveres y los muertos vivientes del principio porque los describe bien y no se va por las ramas. Y este símil me ha hecho algo de gracia y no como un chiste malo: “corre como un trampero detrás de un barril de cerveza”.

Un hecho curioso: A cuatro páginas del cuarto capítulo soñé con la historia, el sueño en cuestión era maravilloso porque los personajes principales morían rápidamente y había cientas y cientas páginas luego en blanco sin nada más a modo de banal relleno. Lástima que desperté. Aunque esas cuatro páginas fueron bastante más entretenidas que todo lo que leí anteriormente. Y prosiguió siendo así durante todo el capítulo cuarto. Eso sí, toda la parafernalia de cuando se invoca el poder de una Diosa es harto pesado. Aunque lo acorde con puntos suspensivos.

Hay una carta muy a lo Julio César con la conquista de las Galias que por como empieza la carta: “Estimados Dos Pares:” Automáticamente me hace pensar en “con dos pares de cojones... haces esta cosa tan abominable”.

Y no os voy a mentir, me vi verdaderamente tentada de saltarme unas cuantas hojas de lo insufrible que me ha llegado a parecer, tanto que después del capítulo 24 ya no pude más y le di la patada porque todas las páginas son tan tostonas entre sí, que parece que no avanzas. Y te entra la ansiedad porque es todo igual.

Lo que más me cabrea no es el desastre de libro que tengo delante, sino las reseñas que he encontrado por ahí donde tienen los cojonazos de comparar al señor Ignacio con autorazos como J.R.R. Tolkien, Terry Pratchett, Tad Williams y Elaine Cunningham a los que no les llega ni a las tildes.

Esta me ha dado sida

 Hay que estar drogado o muy bien pagado para soltar semejante burrada y no morirte de la vergüenza delante de cualquiera que haya tenido la desgracia de leer este manojo de excrementos de rata con sífilis.

Gran WYRM Sylvanllitham,
tratando de terminar la lectura que nadie jamás se terminó de leer.

8 comentarios:

  1. Me mataron de risa las citas que pusiste xD.

    La verdad no sé mucho de épica, pero me parece que las largas y aburridas descripciones son un intento de ser el nuevo Tolkien y sacar el próximo señor de los anillos, y por lo que veo ya hay varios que lo creen.

    Con respecto a las 364 páginas (que en papel deben ser el doble) creo que se ha perdido esa bonita costumbre de escribir novelas cortas, al menos esta no tiene secuela, ¿O si?.

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    1. Por ahí dicen que el autor si piensa hacer continuación.

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  2. Buenos días, me alegra que para comedia al menos en parte sirva. Debería mirarse eso el autor. Y por desgracia, hay párrafos de esas lindezas. Y que yo sepa no tiene secuelas ni ha escrito nada aparte.

    Y sí coincido mucho en eso de que se espera ser el nuevo Tolkien, o el nuevo algo ya creado en vez de innovar un poquito con un estilo propio, que me parece que no cuesta tanto, pero bueno. También coincido en la parte de la fea costumbre de querer alargar desmesuradamente las historias, como si crear novelas cortas, o relatos cortos fuera algo malo. Es algo, que verás próximamente cuando termine la crítica a esa otra lindeza que nos sugeriste de wattpad.

    Un saludo draconiano.

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  3. Gran wyrn Sylnvslmvnlanvaln s (o como se escriba). Permíteme felicitarte pues veo bien que eres uno de los pocos -por no decir el único- que parece saber lo que hace, que deshilvana, deshilacha una historia y dice qué le parece bien y qué, mal. Eres de los pocos en este blogsillo que trabaja, que parece entender lo que es una crítica, lo cual felicito, además de la cuota de humor que usas para decir lo que no te gusta.

    Las demás reseñas me las paso por el hoyo negro, pero estaré atento a las tuyas.

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    1. Buenos noches, señor Anónimo, ante todo muchas gracias por esas felicitaciones, no comparto con usted esa opinión de que sea el único integrante de esta composición de críticos que sepa lo que hace, simplemente cada uno tenemos nuestro estilo y nuestra forma de encararnos ante las obras, y no es por quitarme méritos, no me veo tales 'medallas' porque francamente a veces caigo en la duda de no saber si la crítica está bien, no porque le fuera a molestar al autor, que la me la suda, simplemente porque me exijo a veces demasiado; lo cual creo que es lo que percibe en mis críticas. Y me alegra enormemente que mis sarcasmos le hayan sacado algunas risas, mi sufrimiento de leer tales mediocridades finalmente tienen algo bueno.

      Ya que va a estar atento y veo que le resulta difícil escribir mi nombre, le aconsejo que sencillamente se refiera a mí como GWS, que es más cómodo y rápido.

      Saludos.

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  4. GWS: Mi muy amada dama. Por estos días precisamente me di a la labor de terminar con la lectura que aquí de manera tan enérgica y apasionada criticas. Me llena de satisfacción el ver que no me encuentro solo al notar varios de los errores (horrores) que de manera tan sagaz mencionas, pero a la vez se cubre un poco de rubor mi rostro al admitir que hubo partes que disfruté ya que las tomé con bastante más sentido del humor del que cabe esperar de una obra literaria de este género.

    Por otra parte, aprovecho también para expresar mi admiración hacia tu intelecto y hacia toda tu maravillosa persona. Trataré de estar más al pendiente de tu insolente pluma.

    Hasta luego.

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    1. Señor Anónimo Segundo, me parece muy bien que quiera estar pendiente de mis críticas, pero que corra el aire, por favor.

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    2. No podría correr más, te lo aseguro. Este mundo es tan grande... Pero sea.

      Adiós.

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