viernes, 13 de febrero de 2015

Crítica de Historias crueles ( historia 1ª capítulo 1) de Ángel Beltrán, por Senior Corax


Historias crueles  

EDITADO POR LA PLUMA INSOLENTE: El autor ha cambiado el nombre del relato por Las historias de Papá y ha cambiado el link, podeis acceder pinchando en el nuevo nombre que hemos indicado.

El texto no tenía ni una triste imagen, así que hemos puesto esta porque si, porque mola.

Cuando mis ojos se toparon con aquel despliegue de títulos tales como guionista, director y escritor en una misma frase y coronando el relato del que voy a hablaros en las siguientes líneas, por un momento pensé que pudiera pecar de hipócrita al comentar sobre un hombre de tamañas cualidades, más tarde, descubrí su vil auto-proclamación, como si llamarse a uno mismo artista (de tres índoles nada menos) se tratara de un juego de niños, escupiendo a la cara a grandes genios de épocas pasadas, presentes y próximas poniéndolos a su altura, la cual, hoy, pongo en duda de llamarla altura si el caso se diera.



Cuando el relato comienza, me doy de bruces con la primera falta gramatical cambiando el tono completo de la frase acentuando la conjunción “que” para, después, darme de bruces con una absoluta masacre de signos de puntuación sin igual.

Cruzando estos obstáculos e ignorándolos (con cierta dificultad) prosigo leyendo el relato, donde el autor nos cuenta la historia de una familia (cuyos nombres nos son desconocidos) desestructurada y que parece haber copiado de un auténtico telefilm alemán de domingo por la tarde, intenta inducirnos en una sensación de misterio recalcando las inventadas historias que un padre “desgraciado e inútil” les cuenta a sus hijos, cuando, antes de desplegarlo comienza a divagar en frases eternamente largas sobre la disposición de lo que es una triste definición del entorno, intenta hacernos sentir, de una manera evidente y poco elegante la pobreza en la que se ven inmersos y, sin comerlo ni beberlo añade a la escena a una mujer desinteresada que únicamente se preocupa por sus hijos pero, al parecer un personaje completamente plano cuyas dos únicas reacciones a una situación claramente complicada son, según nuestro ilustre guionista, atender a la cocina e ignorar las advertencias y preocupaciones de unos abuelos interesados en su progenie.

Cuando llegamos al último tramo y esperamos el desenlace de la historia, después de habernos explicado (a trompicones) la “triste y desoladora” historia de la esta familia y al fin, tras una versión agitanada de descripciones Tolkenianas vuelve a nombrar las inventadas historias que cuenta el cabeza de familia a sus hijos tras la vil fachada de la mentira, el principal supuesto atractivo y argumento principal, sin contarnos una sola palabra más, el relato… Concluye.

Al parecer, este texto tiene una clara intención de conectar con el lado más sensible del lector, buscando (pretenciosamente) un sentimiento de tristeza y la compasión de este por medio de un estilo pobre en el que destacan un vocabulario rudimentario y pobre que intenta parecer enriquecido por aleatorios adjetivos que lo hacen (sumado a la ausencia de comas en las definiciones) más tedioso y pesado de leer, un uso de los recursos literarios prácticamente nulo y un uso general de tópicos (llevados a cabo de una manera muy pobre) tales como una reflexión teológica allá por el décimo párrafo, aludiendo a la figura de dios y de alguna manera reprochándole la existencia del protagonista de esta deshilachada narrativa, no sin, por supuesto y una vez más romper el hilo de la trama, haciendo divagar al lector.

A fin de cuentas, queridos, la vida y el tiempo que estaremos despiertos es incierto, malgastamos este durmiendo y dedicándonos a nuestros vicios y demonios personales, pero utilizarlo, más bien tirarlo a la basura leyendo las líneas que presenta Ángel Beltrán, parece un auténtico crimen a la inteligencia cultural.

Un cordial Saludo,

Senior Corax.

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